Aproximación diagnóstica y terapéutica de las crisis hipertensivas

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Hipertensión arterial (HTA) es un problema de salud con alta prevalencia en todo el mundo.

Clasificación

Las crisis hipertensivas se dividen en emergencias hipertensivas y urgencias hipertensivas, según esté presente o ausente una lesión aguda de órgano diana, respectivamente. Las alteraciones estructurales y/o fisiológicas en los órganos diana pueden ser en corazón, cerebro, riñón, retina y arterias.

La hipertensión arterial se define como la elevación crónica de las cifras de presión arterial sistólica ≥ 140 mmHg y presión arterial diastólica ≥ 90 mmHg, y se clasifica en diferentes grados según las cifras que presente durante el diagnóstico.

Por su parte, la crisis hipertensiva se define como el aumento agudo de la presión arterial sistólica ≥ 180 mmHg y de la presión arterial diastólica ≥ 120 mmHg, capaz de producir daño agudo a órganos diana.

Debemos tener en cuenta, dentro de las crisis hipertensivas, un subgrupo especial como es el de las emergencias hipertensivas del embarazo, las cuales se definen como la elevación aguda de la presión arterial sistólica ≥ 160 mmHg y/o presión arterial diastólica ≥ 110 mmHg por un periodo mayor a 15 min y además con capacidad de producir daño agudo a órganos diana: preeclampsia, síndrome de HELLP (hemólisis, elevación de enzimas hepáticas, trombocitopenia) y eclampsia.

Los síntomas de las crisis hipertensivas varían ampliamente, desde pacientes asintomáticos o con síntomas inespecíficos, como cefalea, mareo, vómito y palpitaciones, hasta afectación aguda de órganos diana.

La exploración física debe ser detallada, priorizando la auscultación cardiaca, troncos supraaórticos y abdominales en búsqueda de soplos que sugieran daño arterial y/o aneurismas.

En estudios recientes se ha visto que la emergencia hipertensiva se presenta habitualmente con frecuencias cardiacas más elevadas que la urgencia hipertensiva, siendo la taquicardia un signo clínico asociado a insuficiencia ventricular izquierda aguda.

Tratamiento de Urgencia Hipertensiva

En la bibliografía actual no se profundiza en el tratamiento de la urgencia hipertensiva y no existe consenso ni un protocolo estricto a seguir. En el «escenario ideal», los pacientes que acudan con urgencia hipertensiva, antes de administrarles fármacos, deberán mantenerse en reposo, de preferencia en decúbito supino, por un periodo de 30-45 minutos. Diferentes estudios muestran reducciones de las cifras de presión arterial sistólica ≥ 20 mmHg y presión arterial diastólica ≥ 10 mmHg hasta en 32% de los pacientes con esta medida.

Tratamiento de Emergencia Hipertensiva

La reducción de la presión arterial debe hacerse de manera más precoz y, por lo general, los fármacos por vía intravenosa suelen ser la primera línea. La elección del fármaco dependerá de cada caso, pero se prefieren fármacos de acción rápida, de vida media corta y de fácil manejo; asimismo, se recomienda una reducción de la presión arterial del 20-25% desde los primeros minutos hasta las primeras 2 h, para intentar evitar episodios de isquemia tisular con reducciones más bruscas.

Es importante realizar una evaluación integral del paciente y reconocer precozmente los escenarios que requieren atención inmediata, es decir, las emergencias hipertensivas.

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